Ya lo decía hace unos años un místico Bruce Lee en blanco y negro en el spot de BMW, sólo que aquí en lenguaje coloquial empleamos el término water para asignar el trono de nuestra casa.
La crisis, que ha venido para acomodarse, está logrando que muchos, lo quieran o no, acaben convertidos en wáteres muy alejados del glamour oriental que preconizara el gurú del kung fu (bonito pareado).
Hay mucho nerviosismo en las empresas, muchas prisas, muchas decisiones improvisadas frente a un mercado que se tambalea. A este paso, no va a haber suficiente papel higiénico como para limpiar todo esto.
Be water my friend, pero mejor con Ambipur.
