No, no voy a hablar aquí de packaging, de la importancia que éste tiene en la decisión de compra en un lineal. No voy a hablar de la teoría de los colores, de las tipografías o de la fotografía en el caso de productos alimentarios.
Voy a dejaros el vídeo, en mi opinión, con el caso más sorprendente de disociación entre el aspecto exterior y la calidad de lo que emanaba del interior, en este caso, la voz.
Seguro que ya lo conocéis, pero es que cada vez que lo vuelvo a ver se me forma un nudo en la garganta. Y eso que detesto este formato televisivo.
En el campo del diseño hace años me pasó algo similar con un vino de gran renombre. Viendo la botella, más concretamente su etiqueta, pensé que estaba frente a un vino peleón. Que sorpresa la mía cuando el caldo comenzó, tal como hizo Susan Boyle, a cantar sus excelencias.
Sinceramente creo que esa etiqueta no hace justicia al vino que representa.
