Cada vez está más extendido el uso de las toallitas de higiene personal, tanto para bebés, como para adultos o ancianos. Y muy poca gente sabe que no deberían tirarse por el retrete, ya que en realidad, dada su composición, ni son desechables ni biodegradables. Sirva como dato que el ayuntamiento de Londres se gasta 14 millones de euros al año en limpiar su sistema de alcantarillado de estas molestas toallitas, amén de que pueden atascar las tuberías de tu propio baño.
El desafío a nivel de comunicación era por tanto el de informar y concienciar a los fabricantes de este tipo de toallitas del grave problema medioambiental derivado de sus productos y ofrecerles, lógicamente, la solución; una nueva generación de papel que permitiese fabricar toallitas 100% desechables (flushables) y totalmente biodegradables. Por ello creé una impactante portada que diese que pensar, y ya una vez en el interior utilicé el tradicional, pero eficaz, esquema problema/solución.