Se está percibiendo un “renacimiento” de la impresión como modo de llegar con estilo a los consumidores, muchos de ellos hastiados de banners y mensajes en las redes sociales.
El papel tiene unas cualidades sensoriales que no se pueden reproducir en una pantalla; suave al tacto, desprende un ligero olor a césped y vainilla o el aroma intenso de un recubrimiento brillante, se puede sentir su peso entre las manos y escuchar su crujido al pasar la página. Y lo más importante, el papel dura, porque no es como el efímero parpadeo de los electrones en una pantalla.
